martes, 17 de noviembre de 2009

¡QUE HERMOSO ES SER PADRE!

Se acerca la hora de dormir. Mi hija se pone el pijama y entra en el baño para lavarse los dientes.
- Aita, ¿me acompañas?
Tan orgullosa de si misma y tan necesitada de protección. Uno a uno, se despide de sus hermanos:
- ¡Hasta mañana, chicos!
Se mete en la cama y con cara risueña me dice:
- ¿Hoy también vamos a rezar?-
- Si - le contesto - si tu quieres.
 Abrimos el libro de oraciones a la vez que abre su corazón.
- Aita, ¿me pones música de Mozart?
Y mientras se arrebuja en su cama, de fondo empieza a sonar el Concierto para piano de Mozart K 467. El sonido se eleva suavemente en la noche mientras mi hija lee la oración y respira tranquilidad. Me cuenta, le cuenta a Jesús, las cosas buenas que ha hecho hoy.
- ¿Sabes aita? "X" y yo ya nos hemos hecho amigas y ahora jugamos juntas. Y también "Y". Pero ¿sabes?, el que le ha llamado "gilipuertas" ha sido "Z", y yo le he dicho que esas cosas no se dicen a la gente, porque luego no te tienen en cuenta.
- O sea, que le has defendido a "X" - le digo yo contento.
Y mi hija me mira sonriendo.
Dejamos el libro, y poco a poco agarrándose con su mano de mi brazo, apoya su carita en él enroscándose como si fuera una enredadera buscando el apoyo del muro. Mozart suena en el aire llenándonos de ternura y calor, y mi hija, abriendo un poco sus ojos ya casi cerrados, como queriendo asegurarse de que sigo ahí, me sonrie, me acaricia con su mirada, me da un beso en la mano y me dice:
- ¡Que descanses tú también, aita.!

¡Buenas noches, amigos y amigas mias!

2 comentarios:

Reparito 2.08 dijo...

Uno que es el único padre en su cuadrilla no para de decirles a sus amigos que si, que es un esfuerzo que te cagas, que se duerme peor, que te puedes dar mencos caprichos, que pasas a ser el último de la fila y todas esas cosas... pero que no hay dinero que pague la experiencia de ver venir corriendo por el pasillo a tu hija para darte un beso feliz por ver a su aita o su ama!

¿O no?

Txema dijo...

Es así, mi buen amigo. Nada de lo bueno que te de la vida se puede comparar a ver crecer un hijo. Incluso cuando se hacen mayores y les da vergüenza darte ese beso que antes te daban.